viernes, 9 de diciembre de 2011

Dolores Etchecopar

DOLORES ETCHECOPAR
(Ciudad Autónoma de Buenos Aires)

LA ORILLA
del libro“Notas Salvajes”

ninguna palabra se acerca
pero mi caballo galopa en la sombra
deben estar allí los rostros las manos
debe estar allí la voz que levanta el agua de la mañana
debe estar allí el que canta adentro de las palabras
no voy a pedir auxilio mi caballo galopa en la sombra
es difícil saludar a los niños
cuando falta un sonido
el ladrón huyó con el Comienzo
y bellas mujeres se beben el agua de la verdad
tras ellas el rumor del pasto es un destino
ninguna palabra se acerca
bambúes miedo vidrios
mi caballo galopa en la sombra
entra y sale de la gran muralla
aquí falta un sonido
pero hay una luz de viajes antiguos
en el pelo de los toros
los hombres de este siglo ya se fueron
grandes pantanos murmuran sus nombres
hay un tambor oscuro en la orilla lenta bailarina
de mi otro cuerpo tu pálido vestido sin rumbo
tu hijo alzado sobre las fosas y las fronteras
falta un sonido
falta ese sonido
y todo será arrojado al mar
hasta que el mar se seque y amanezca


EL POZO

mi hijo no hace pie en el alba
tampoco hace pie esa ciudad donde estuvimos
ni el tren que iba a Berlín
ni los muertos que suben y bajan
la ropa de los vivos
nada hace pie ni la pobreza ni la risa
ni los ruidos feroces ni las luciérnagas
bajo el gran país que suelta la noche
digo unas palabras aparto a la extraña mujer
que se prepara en mi sollozo digo unas palabras
antes de que ella me enmudezca con sus fábulas
y su desmemoria
mi hijo no hace pie en el alba
el tren que iba a Berlín
los vivos que suben y bajan
la ropa de los muertos
nada hace pie
en el llamado
nada hace pie
en el silencio ese niño
nunca sabrá
por qué afuera de la luna
golpean a un viejo caballo


PERFORACIÓN DE LA EXTRAÑA VOZ
Del libro “Canción del precipicio”


I.-

la mujer sigue agitando su vestido huérfano
en la milenaria colina
ya se dormirá con los pastos
y las hondas hormigas joyeras de la muerte
dijeron
nadie supo por qué quiso esa noche tan fría
cantar en el coro de los perros
nadie sabe por qué esa noche sin consuelo
ella estaba sentada
abierta en la parte inesperada de su alma


II.-

pronto ejecutarán al caballo
amable boca
pronto caerá la que camina
sobre los tambores de mi lengua
amable amable despeñada aurora
amable fuego
amable tú amable él
amable útero conocimiento estertor estrella
amable violencia flores marinas
amable ciudad verdor exterminio
la luna brota de las piedras estoy sentada
amables teorías cacareos valles
(alguien llora en la sala de música)
amable amable ferocidad
amables ustedes olvidados en un parque
donde la luz habla y habla con la muerte


MEMORIAS DEL NIÑO


I.

tambores de ala negra
niñez de mi dolor
hoy será el cumpleaños
erguidos sobre una tabla
mis abuelos buscan por alta mar
la música que los hará vivir


II.-

protejo una mano pequeña
en medio del mar
aprieto la mano pequeña
dentro de ella protejo
el latido del mar


I.
del libro “El comienzo”

niña petrificada en el agua santa
de una ventana de hospital
arriba de los Andes
mientras duermes
de mi rostro desciende con dulzura
la melodía de tu cuerpo
construido por miles de finas napas
de soledad y luz y tiempo
mientras duermes se mueve una montaña
tus perros salvajes huyen en jaurías
atraviesan la nieve del poema
donde ya no se escucha la puerta del mundo


II.

hay palabras preciosas
gemas que se abren misteriosamente
cuyas facetas destellan algo que se quiebra
antes de completarse
así es la palabra aquiescencia
difícil de pronunciar
esquiva como un hilo de agua
que fluye entre las aristas filosas
de la palabra no


III.-

la tejedora enhebra su soledad
teje y teje durante años
le duelen los ojos
sus dedos han comenzado a deformarse
algunos puntos se escapan
y la trama se hace más liviana
la tejedora no sabe qué tejen sus manos
sus agujas aéreas
la dejan atrás
no sabe qué hacen
entre los hilos ciegos
los puntos que se escapan


IV.

cuando era niña jugaba a ser una niña
las visitas me habían dejado
una muñeca helada que decía
es una niña
entonces hice sonar cascos de caballo
partía sin que nadie lo notara
veía cómo se hacía noche de reyes mi cuerpo
me acercaba a la puerta más tranquila
por no volcar ese prodigio
hice sonar cascos de caballo
como una niña partía y recordaba
mi cuerpo de anciana en el umbral
anciana que ríes
y cierras los ojos para crecer

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